Sunday, March 01, 2009


La doctrina social es la parte del magisterio de la Iglesia que se ocupa de enseñar el comportamiento correcto de los hombres en su vida social. Aplica las enseñanzas de Jesucristo a la vida en sociedad, siempre con el fin de buscar la salvación de las almas.
La meta final es la salvación de las almas. Pero el fin inmediato de la doctrina social es proponer principios y valores que contribuyan a crear una sociedad digna del hombre, aplicando las enseñanzas de Jesucristo.
La Iglesia elabora sus doctrina social apoyándose en cuatro principios básicos: la dignidad de la persona humana, el bien común, la subsidiaridad y la solidaridad. Los comentamos a continuación.
El ser humano posee gran dignidad por ser imagen divina y criatura especialmente armada por Dios. Esta categoría singular es el fundamento principal para el trato adecuado entre los hombres. Este principio incluye el derecho a la vida (
aborto, embrión) y a la libertad religiosa; la defensa del matrimonio y la familia.
El bien común es el bien de todos los hombres y de cada uno, incluyendo los aspectos espirituales. El bien común abarca dos grandes principios:
El Creador dispuso el mundo para todos los hombres. Esto no quiere decir que uno pueda tomar lo que desee, sino que al regular las relaciones humanas debe tenerse en cuenta el desarrollo y beneficio de los demás.
Es necesaria para la autonomía y libertad propias. Este principio está subordinado al anterior, de modo que los bienes se empleen también en beneficio de los demás, con cuidado especial hacia los pobres. Esta protección no consiste simplemente en darles dinero, sino sobre todo en facilitarles la formación y los medios necesarios para salir de su pobreza.

Según este principio, las sociedades de orden superior deben adoptar una postura de ayuda y promoción respecto a las menores, facilitando sus iniciativas correctas. En casos especiales puede suplirlas durante un tiempo breve. Una consecuencia de la subsidiaridad es -por parte de los ciudadanos- el deber de participar en la vida social.
La solidaridad o caridad social expresa una idea de unidad, cohesión, colaboración. Es la determinación firme y perseverante de comprometerse por el bien común. Estamos ante un hábito o virtud, ante una decisión estable de colaborar con los demás. Con todos los hombres, pues realmente hay vinculación con todos, aunque uno no se sienta unido a algunos. La solidaridad como parte de la caridad engloba a los demás principios.
Para la vida social, hay cuatro grandes bienes que conviene ejercitar, pues están muy ligados a la dignidad de la persona humana.
La verdad.- Conviene resolver las situaciones buscando el bien verdadero, con independencia del propio interés. Así se evitan muchas tiranías. Este tema afecta mucho a los medios de comunicación y a los fraudes económicos.
La
libertad.- En el ámbito religioso, cultural, político, etc. Siempre dentro del bien común y del orden público. Sin olvidarse del bien verdadero y de la responsabilidad correspondiente, pues se trata de elegir el bien, no el mal -líbranos del mal-.
La
justicia.- Es el hábito de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. Ante todo, es importante reconocer la dignidad de los demás, con independencia de lo que posean o de la utilidad que proporcionen. La justicia debe basarse en la ley natural y conviene que sea mejorada por la caridad y la solidaridad.
La caridad.- El amor al prójimo es el criterio supremo de la ética social. Si hay caridad, habrá verdad, justicia, libertad, etc. La caridad se ejercita principalmente con el espíritu de servicio a los demás, buscando su bien sobre todo de sus almas.
La mejora interior de uno mismo incluye el desarrollo de las cualidades sociales, y este cambio propio es la base firme de la renovación social.
Como ejemplo, apliquemos estos principios y valores al campo tan importante de la cultura.
La
dignidad humana, la libertad y el destino universal de los bienes reclaman que la cultura y la educación sean accesibles a todos. En consecuencia, debe haber acceso libre a los medios de comunicación, libertad de investigación, derecho de los padres a elegir escuela, etc.
La verdad y el bien común en su aspecto espiritual invitan a que la cultura esté abierta a la verdad y a la dimensión religiosa. Tengamos en cuenta que la religión fundamenta la moral, y la moral es el centro de la cultura.
La
solidaridad y la verdad deben influir en los medios de comunicación cultural.
La subsidiaridad propone que el Estado ayude a las iniciativas educativas y culturales.
¿Es misión de la Iglesia resolver problemas sociales? No, no. Esta es misión general de los
hombres, y en particular de los gobernantes que tienen el dinero y redactan las leyes. A ellos compete conseguir una distribución justa de los bienes. De todos modos, la Iglesia resuelve muchos problemas sociales por caridad. Pero no es su misión: Cristo no vino a la tierra para resolver dificultades económicas. En cambio, es tarea de la Iglesia establecer principios y orientaciones que señalen caminos posibles y erróneos, teniendo en cuenta la ley natural y las enseñanzas de Jesucristo.

Sunday, December 14, 2008


El primero que le dio importancia a la fiesta de la Navidad como tal fue San Francisco de Asís, quien en el año de 1223 en Grecchi, Italia, hizo el primer “portal” del que se tiene noticia histórica. Su intención fue subrayar “la humildad de la encarnación y verle a Jesús recostado en el pesebre entre el buey y el asno”. En una época en que la Teología se había hecho ya dominio exclusivo de expertos, Francisco buscó un medio de volverla a poner al alcance de los más sencillos y humildes. Malamente pudo sospechar San Francisco, tan amante de la pobreza, la supercomercialización que su intento iba a originar al paso de los siglos. La Navidad no es simplemente una fiesta para niños. La Navidad es la fiesta, de hecho, de la encarnación: Dios ha tomado la carne verdaderamente; Dios ha tomado la carne con todas sus consecuencias. La encarnación nos afecta a todos.
Ese niño que nace es el Salvador y no es a niños a quienes los ángeles dicen: les traemos una gran noticia, que en la ciudad de Belén les ha nacido a ustedes un Salvador (Cfr. Lucas 2:10-11). Convertir la Navidad exclusivamente en una fiesta para niños, en una fiesta que sólo afecta a los niños, es quitarle toda su mordiente y fuerza a una fiesta que nació con un sentido muy distinto: los primeros llamados, los primeros que se acercan, son los pecadores y pobres: los pastores. Convertir la Navidad en una fiesta puramente infantil es volver a convertir al cristianismo en algo fundamentalmente sentimental, en una religión para mujeres y niños. Digo esto sin el más mínimo desprecio hacia la mujer o el niño; digo simplemente que así lo ha visto el machismo religioso. La Navidad tampoco es una fiesta “para los pobres”, por lo menos en el sentido de que los pobres no necesitan que se les haga justicia solamente en diciembre. Los pobres no necesitan comer sólo en diciembre, no sólo necesitan vestirse en diciembre, los hijos de los pobres no quieren jugar sólo en diciembre. Los ángeles cantan “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” pero mientras no haya justicia, y no basta que la haya en diciembre, puede ser que Dios tenga gloria en el cielo, pero no habrá paz para los hombres por mucho que Dios los ame. Los que cerraban en Belén la puerta a María y José creían que le cerraban la puerta a un hombre pobre y a una mujer pobre y se la cerraban a Dios. Eso es exactamente el sentido comprometedor de la encarnación: cada vez que le cerramos, no sólo en diciembre, la puerta a un hombre y a una mujer pobres se la cerramos a Dios y así lo reclama el juez en el juicio que sí es definitivo: porque tuve hambre y no me diste de comer, fui forastero y no me hospedaste. (Cfr. Mateo 25:31-46). La Navidad es una fiesta para todos, porque la redención es para todos, y la liberación es para todos. A los pobres, por ejemplo, la justicia debe llegarles no sólo en Navidad, sino todo el año. Ojalá cada uno de los latinoamericanos podamos escuchar, una vez más, que nos ha nacido, a nosotros, un Salvador, y que hay salvación y liberación para cada uno de nosotros.

Wednesday, October 22, 2008



What do think about it?

Wednesday, October 15, 2008

Descripción general
Los mitos forman parte del sistema
religioso de una cultura, la cual los considera historias Descripción general
Los mitos forman parte del sistema religioso de una cultura, la cual los considera historias verdaderas. Su función es otorgar un respaldo narrativo a las creencias centrales de la comunidad.
Según Mircea Eliade, el mito es una historia sagrada que narra un acontecimiento sucedido durante un tiempo primigenio, en el que el mundo no tenía aún su forma actual. Los acontecimientos de la naturaleza que se repiten periódicamente se explican como consecuencia de los sucesos narrados en el mito (por ejemplo, en la mitología griega el ciclo de las estaciones se explica a partir del rapto de Perséfone).
Según la visión de Lévi-Strauss, uno de los estudiosos más influyentes del mito, a todo mito lo caracterizan tres atributos:
trata de una pregunta existencial, referente a la creación de la Tierra, la muerte, el nacimiento y similares.
está constituido por contrarios irreconciliables: creación contra destrucción, vida frente a muerte, dioses contra hombres.
proporciona la reconciliación de esos polos a fin de conjurar nuestra angustia.
Como los demás géneros tradicionales, el mito es en origen un relato oral, cuyos detalles varían a medida que es transmitido de generación en generación, dando lugar a diferentes versiones. En las sociedades que conocen la escritura, el mito ha sido objeto de reelaboración literaria, ampliando así su arco de versiones y variantes.
Desde que en la Antigüedad grecolatina las explicaciones filosóficas y científicas entraron en competencia con las míticas, la palabra mito se cargó en ciertos contextos de un valor peyorativo, llegando a utilizarse de forma laxa como sinónimo de patraña, creencia extendida pero falsa: p.ej., la sociedad sin clases es un mito comunista, o la mano invisible del mercado es un mito liberal. También es común el uso un tanto laxo de mito y mítico (o leyenda y legendario) para referirse a personajes históricos o contemporáneos (o incluso a productos comerciales) cargados de prestigio y glamour: Charlot es un mito del cine mudo; los Beatles son un grupo mítico.verdaderas. Su función es otorgar un respaldo narrativo a las creencias centrales de la comunidad.
Según
Mircea Eliade, el mito es una historia sagrada que narra un acontecimiento sucedido durante un tiempo primigenio, en el que el mundo no tenía aún su forma actual. Los acontecimientos de la naturaleza que se repiten periódicamente se explican como consecuencia de los sucesos narrados en el mito (por ejemplo, en la mitología griega el ciclo de las estaciones se explica a partir del rapto de Perséfone).
Según la visión de
Lévi-Strauss, uno de los estudiosos más influyentes del mito, a todo mito lo caracterizan tres atributos:
trata de una pregunta
existencial, referente a la creación de la Tierra, la muerte, el nacimiento y similares.
está constituido por contrarios irreconciliables:
creación contra destrucción, vida frente a muerte, dioses contra hombres.
proporciona la reconciliación de esos polos a fin de conjurar nuestra
angustia.
Como los demás géneros
tradicionales, el mito es en origen un relato oral, cuyos detalles varían a medida que es transmitido de generación en generación, dando lugar a diferentes versiones. En las sociedades que conocen la escritura, el mito ha sido objeto de reelaboración literaria, ampliando así su arco de versiones y variantes.
Desde que en la Antigüedad grecolatina las explicaciones
filosóficas y científicas entraron en competencia con las míticas, la palabra mito se cargó en ciertos contextos de un valor peyorativo, llegando a utilizarse de forma laxa como sinónimo de patraña, creencia extendida pero falsa: p.ej., la sociedad sin clases es un mito comunista, o la mano invisible del mercado es un mito liberal. También es común el uso un tanto laxo de mito y mítico (o leyenda y legendario) para referirse a personajes históricos o contemporáneos (o incluso a productos comerciales) cargados de prestigio y glamour: Charlot es un mito del cine mudo; los Beatles son un grupo mítico.

Monday, October 13, 2008

Supersticiones y creencias populares
Existe diferencia entre las supersticiones específicas y las
pseudociencias. Las pseudociencias tienen un definido ámbito concreto de creencias donde no cabe todo sino de acuerdo a sus bases. Otra diferencia es que los creyentes de supersticiones pueden ser personas de cualquier tipo raza, status social, región mundial... y no tienen porqué creer en pseudociencias, del mismo modo que un adepto de una pseudociencia no tiene porqué creer en las supersticiones populares.
Existen supersticiones relacionadas con los diferentes ámbitos de la vida del ser humano, desde los acontecimientos importantes para las personas (por ejemplo el
matrimonio, la menstruación femenina, la botadura de barcos, el levantarse de la cama), los acontecimientos relacionados con los oficios (por ejemplo: ordeñar en la ganadería), los acontecimientos temporales (por ejemplo: fechas de siembra en la agricultura, el solsticio de la noche de San Juan, las fases de la Luna), los relacionados con objetos o elementos o con procesos: el hierro, por ejemplo, tiene poderes mágicos, protege a su propietario contra las brujas y los malos espiritus.
Hay muchas supersticiones relacionadas con tijeras, cuchillos, espadas, agujas...
Muchos
escoceses creían que dormir con un cuchillo bajo la almohada evitaría que las brujas se los llevasen mientras dormían. En muchos países se considera fatídico regalar un arma blanca. El mango del cuchillo, al caer, apunta en la dirección de donde provendrá la buena suerte o los amigos. Si el cuchillo queda con el filo hacia arriba, se espera mala suerte, pues los espíritus se cortarán los pies.

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